Thursday, May 11, 2006

CRÓNICA: CLASE DE REGGETÓN

CLASE DE REGGETÓN
Por Sandra Aristizabal

Hace muy poco llegó a Bogotá esto que dice: “Bailen, yales (chicas), muevan, suden, sientan el poder del reggeton latino”, y yo, lo sentí, sentí el poder y él se apodero de mí. Fue una sensación que retumbo en mis oídos (de por si, que la música, en especial de los negros me ha encantado siempre) e hizo que las caderas no pararan de moverse, comprobé que no tengo espíritu para melodías ni para coros ambientados con guitarras y baterías (sin ofender a nadie). Lo triste de la historia, es que esta estigmatizado y muchas personas aborrecen este estilo de música (que sólo pocos sabemos disfrutar el verdadero sentido del ritmo), pero gustos son gustos y esto es clase de reggetón no clase de moral.

En realidad, hace más de dos años que vengo bailando reggetón. Recuerdo que la primera vez fue en Salamandra (un salón de eventos especiales grandísimo, de dos pisos, ubicado en el norte de la ciudad) y también fue la primera vez que ingresé allí; de un momento a otro el dj puso “Dembow”, una de las primeras canciones que escuché (que a decir verdad, contenía solamente “esa nena me vuelve loco bailando el dembow”, nada más).

Un muchacho me sacó a bailar y yo asustada porque no sabía como me tenía que mover, lo único que se me vino al cuerpo, fueron los movimientos del ritmo que ya se había ido: “La champeta”, en segundos mi mente recordó los pasos e hice un “flash remix” con “El gato volador”, “Tra, tra, tra” y otros, al parecer funcionó la fusión y las adapte al nuevo swim, eso si, un poco más lento. Mi pareja, cada vez se me pegaba más y yo lo evitaba, me pareció patético bailar tan adheridamente con un desconocido, mejor dicho, esa confiancita no me gustó.

La noche se hacía más noche y la temperatura subía, el ritmo no cambiaba, yo obviamente feliz con la música que me quedó sonando de ahí en adelante. Luego de un merecido descanso por la hora y media casi de la dichosa cadencia, se me acercó un nuevo parejo, éste resulto siendo casi medio metro más alto que yo al cual ni le escuché el nombre cuando se presentó, jurando que lo escuchaba. Esta vez me entró un nerviosismo crónico ya que no me imaginaba como iba hacer para bailar con semejante gigante. Optamos, en la pista bailar de esta manera: yo me subí a una pequeña tarima que allí había y él se quedó abajo, de esta manera nos veíamos más parejos, primero, no había manera de que se me pegara como chicle y segundo aprendí otros pasos básicos.

Recuerdo que los tema más escuchados eran “Felina” (considero que fue la peor de ese año), “Chica plástica”, “Vuelve”, “Puerto Rico”, “Sexy bar”, entre otras, haciendo un balance, las anteriores eran buenas. Como siempre, terminé aprendiéndomelas de memoria. Rumba estero (hoy el primer sistema nacional de reggetón 105.9) se obsesionó transmitiendo esas canciones todo el tiempo y obviamente la constante repetidera me hizo aburrir. Otra mala noticia fue cuando un periodista hizo una entrevista al cantante Puerto Riqueño Nicky Jam, sobre su nuevo trabajo discográfico donde él respondió que entre más groseros y vulgares, mejores para la venta. Eso sonó muy desagradable y en efecto, llegó música titulada en un programa de la anterior emisora citada “Reggetón prohibido”, (y no sólo de ese artista), noooooooooooo, que decepción, horrible, ahí si me puse en contra y fui tras aquellos que no están de acuerdo. Poco a poco todo se normalizó y las buenas canciones volvieron a casa. Yo, volví a sintonizar aquella estación, 105. 9.

En el 2003 me dejé tentar por las fiestas de reggetón que organizaba Rumba Estereo, le dije a una amiga que si nos aventurábamos a conocer aquel ambiente. Así fue, pero al llegar, solo encontramos muchachos vestidos como raperos y una que otra niña vestida de igual manera que se confundía con los niños. Con mi amiga, decidimos ingresar, el gasto fue poco, $ 6000 pesos el valor de la boleta de entrada y $ 2000 pesos dos vasos con gaseosa, porque era lo único que vendían (mejor, total todos éramos menores de edad), toda la tarde (porque fue de 2:00 de la tarde a 7:00 de la noche), bailamos sin sentarnos con aquellos expertos bailarines ¡dé!, ustedes ya saben que.

Mi querida amiga, ni siquiera sabía bailar y desde el principio le figuró un negrito que la cogió y la hizo bailar un buen rato, ¡WAW!, él tenía un swim muy pegajoso. Mientras tanto, yo, sorprendidísima ya que era muy distinto a lo que en Salamandra había aprendido. A mí me sacó a bailar uno de esos particulares bailarines, me cogió de la cintura con la mano izquierda, la otra la movía al compás de una marcha al igual que los pies pero con ritmo, opté por hacer lo mismo pero al contrario, es decir, lo cogí de la cintura con mi mano derecha y la izquierda iba haciendo su función

De un momento a otro, di una medio vueltica y quedé delante de mi parejo, estaba más perdida que confundida porque no sabía como mover los pies, observé a mi alrededor, a mi amiga la perdí de vista por la multitud y yo hice lo mismo que el resto de parejas, copié el paso que era básicamente lo mismo, pero esta vez, a mí me tocaba moverme a la derecha mientras él se movía hacia la izquierda y viceversa. Creo que esos pasos los habían obtenido de un video de Sean Paul (cantante Jamaiquino) que se llama “I am still in love with you”, donde casi al final sale la pareja de negritos haciendo ese mismo paso, pero mucho más elaborado. En aquel año, también me empecé a interesar por el Hip-Hop en inglés, al que yo denomino como rumberito y moría cuando veía el video de 50 cent, “In da club”, el de Nelly Ville “Dilema” y otro de Jennifer López con Feat Joe que no recuerdo el nombre, hoy ya ninguno de los tres los pasan por televisión, a Dios gracias existe Internet y en mi computador los tengo guardados con otros que con el tiempo me han venido gustando.

Así pues, tengo guardado en mi computador un poco más de 200 canciones entre reggetón y hip- hop (que significa algo así como, gente chévere saltando), cosa que me parece muy poquito para lo que me gusta esos géneros musicales, claro que también es porque no cualquier letrilla voy bajando, solamente las que verdaderamente me gustan y casi ninguna tiene letra endeble. Pero no quiero infundir esa imagen de regetonera, yo adoro la música y me considero una salsera imparable, eso si, estoy consiente que casi no me gustan las vueltas y le jalo un poquito a la charanga. Bailo, bailo y bailo mientras haya tiempo, hasta me ha ayudado a rebajar unos molestos gorditos a los lados. (Bueno, que eso sea un secretito de belleza para aquellas que también quisieran deshacerse de uno que otro rollito por ahí mal acomodado).

La ola del reggetón, cada día llegaba a más oídos jóvenes, se esparció tanto que en septiembre de 2004, el estadio El Campín se llenó, ¡oigan bien!, se llenó completito por el concierto que Don Omar y Sean Paul tenían previsto. Así fue, salí dos horas antes de terminar clases, en ese entonces estudiaba por la tarde en la Universidad de la Salle y obviamente fui a zamparme en la fila VIP, allí estaba una amiga esperándome, eran casi las 3:30 de la tarde y tocó quedarnos ahí casi tres horas para entrar. El hambre fue horrible, pero a Dios gracias vivo a dos cuadras del lugar y fui hasta el apartamento a comer, luego fu mi amiga mientras me quedaba en la fila.

Recuerdo que mi mamá me hizo poner una chaqueta extremadamente caliente que, porque al salir probablemente me iba a dar frió. ¡Error!, me sentía en un sauna en medio del a multitud que al estar adentro empujaban hacia delante y atrás, no hallaba que hacer, si me la quitaba quizás se me perdía ahí mismo, opte por sofocarme las 5 o 6 horas aproximadamente que duró el concierto. Este al fin había empezado casi a las 7:30.

La adrenalina fue total, nos encontrábamos bastante cerca de la plataforma, el único inconveniente fue un enorme negro con gorra dándonos la espalda y nos tapaba un poco la visibilidad, pero esto se solucionaba cuando los artistas iban hacia el centro del escenario. El primero en salir fue Sean Paul, lo más conmovedor fue en el momento que se puso un poncho con la bandera de Colombia pintada, lo malo fue que habló todo el tiempo en un inglés jamaiquino (o mejor ingles enredado) y lo único entendible fue la seña para la histeria y la típica ola, el baile se limitó agitando las manos, a duras penas yo cogí mi celular durísimo tratando de grabar algo pero preciso no tenía memoria disponible, mi amiga se puso a llamar a la prima para que escuchara la música ( o más bien la bulla), al final no supe si lo pudo lograr.

El segundo en aparecer fue Don Omar, la multitud se alborotó aún más, el agite de las manos impidió ver al cantante en varias ocasiones, pero no me perdí el baile tan exótico que hicieron los bailarines del Puerto Riqueño; primero, se pararon en los codos, es decir, pusieron sus manos en el piso y luego sus rodillas hicieron contacto con los codos y continuaron con un súper sexy movimiento de cadera, ¿como lo hicieron?, ¡hum! nunca lo supe, posteriormente intenté hacer la maravillosa acrobacia y lo único que logré fue si, caerme, no pude. Casi a las diez y cuarenta y cinco todo acabó, la salida fue con mucha calma y obviamente con una gran sonrisa por haber disfrutado ese evento, teniendo en cuenta que fue la primera vez que asistí a un concierto de semejante magnitud.

Al año siguiente, se repitió el episodio, nuevamente para mediados de septiembre. Esta vez vinieron Ivee Queen, Zion y Lenox, Wisin y Yandel, grupos colombianos, (que a decir verdad casi no me gusta el reggetón local) y el anfitrión de la noche Daddy Yankee, la histeria más grande se la ganó él. Lo malo, fue que no se quito el par de gafas negras que llevaba puestas en toda su intervención. Yankee, interpretó más de 15 canciones, su éxito La Gasolina, la ambientaron con la entrada de un carro rojo al escenario, no recuero que marca era. Me pareció que eso fue una pequeña copia de lo que hizo un día Snoop Doggy (cantante de Hip-Hop) en un concierto en Estados Unidos (salió al escenario manejando y picando un automóvil).

Esta vez, iba acompañada de una prima, ella no aguantó el sofoco, la gente esta vez estaba un poquito más agresiva y se desmayó, tuvieron que sacarla por encima de las personas, me quedé sola en medio de esa masa de regetoneros, pero seguí cantando y logré cogerme de la barra que separa el escenario del público, no me solté hasta el final. Esta vez corrí con más surte, el celular tenía memoria y lo tenía listo para grabar, logre hacerlo, pero al ver el video clip, se escuchaba solo una transferencia y el cantante se veía muy borroso, noooooo ese servicio en el celular sirve para tres cosas, para nada, nada y nada.

Pasado los conciertos, mis primeras lecciones, actualmente he mejorado mis pasos y los convino un poco con los que hacen los morenos (o bueno lo intento) en los videos de Hip-Hop, he clasificado al reggetón por temas, como los rápidos, románticos y desagradables (obviamente esos no me gustan), Hay letras muy lindas como “Es mejor olvidarlo”, “Locura automática”, “Dawn”, etc.